Oferta económica
Es el precio que ofreces, presentado en el formato que exijan las bases. Se evalúa con una fórmula publicada de antemano y casi nunca decide sola: pesa junto a los otros criterios.
El primer punto que confunde es si el precio va neto o con IVA. Las bases lo dicen, y equivocarse cambia tu oferta en un 19%: puedes quedar fuera por caro o ganar con un precio que no te da el margen que calculaste.
También hay que revisar qué incluye. Despacho, instalación, capacitación, garantía extendida: si las bases lo piden y tú no lo incluiste, ese costo lo vas a poner igual, sólo que de tu bolsillo.
La fórmula de evaluación importa tanto como el número. No es lo mismo que el puntaje se reparta en proporción al precio que se calcule dividiendo el menor precio ofertado entre el tuyo — en la segunda, bajar mucho da menos ventaja de la que uno cree.
Y existe el precio demasiado bajo. Muchas bases permiten al organismo pedir explicaciones o rechazar una oferta que parece inviable, porque un proveedor que no puede cumplir a ese precio es un problema para el contrato.
Qué significa si tú vendes
Antes de fijar el precio, lee la fórmula. Si el precio pesa 40%, bajarlo agresivamente sacrifica margen a cambio de pocos puntos.
Mete el costo de postular en el precio: garantías, tiempo de preparación y los procesos que no vas a ganar. Si ganas uno de cada cinco, ese es el costo real de cada venta.
Mira a qué precio se adjudicó lo mismo antes. Es información pública y es la mejor referencia que existe para no ofertar a ciegas.
El error típico
Cotizar como al sector privado, dejando espacio para negociar. Acá no hay negociación posterior: el precio que pones es el que se evalúa y con el que quedas.
Puedes ver a qué precio se adjudicó antes lo mismo que vas a ofertar, con su rango real, antes de decidir el tuyo.
Ver el precio realSe parte con el plan gratis.